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S'estan mostrant les entrades d'aquesta data: març, 2013

Per a pensar

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EL GUERRERO SAMURAI

L GUERRERO SAMURAI Cerca de Tokio vivía un gran samurai ya anciano, que se dedicaba a enseñar a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario. Cierta tarde, un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos, apareció por allí. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación. Esperaba a que su adversario hiciera el primer movimiento y, dotado de una inteligencia privilegiada para reparar en los errores cometidos, contraatacaba con velocidad fulminante. El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una lucha. Con la reputación del samurai, se fue hasta allí para derrotarlo y aumentar su fama. Todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo aceptó el desafío. Todos juntos se dirigieron a la plaza de la ciudad y el joven comenzaba a insultar al anciano maestro. Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió en la cara, le gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a …

QUE TUS PALABRAS SEAN MÁS IMPORTANTES QUE EL SILENCIO QUE ROMPES

QUE TUS PALABRAS SEAN MÁS IMPORTANTES QUE EL SILENCIO QUE ROMPES Sí, HABLAR es fácil, pero CALLAR requiere prudencia y dominio. EL ARTE DE HABLAR HABLAR oportunamente, es acierto. HABLAR frente al enemigo, es civismo. HABLAR ante la injusticia, es valentía. HABLAR para rectificar, es un deber. HABLAR para defender, es compasión. HABLAR ante un dolor, es consolar. HABLAR para ayudar a otros, es caridad. HABLAR con sinceridad, es rectitud. HABLAR de si mismo, es vanidad. HABLAR restituyéndote fama, es honradez. HABLAR disipando falsos, es conciencia. HABLAR de defectos, es lastimar. HABLAR debiendo callar, es necedad. HABLAR por hablar, es tontería. LA VIRTUD DE CALLAR CALLAR cuando acusan, es heroísmo. CALLAR cuando insultan, es amor. CALLAR las propias penas, es sacrificio. CALLAR de si mismo, es humildad. CALLAR miserias humanas, es caridad. CALLAR a tiempo, es prudencia. CALLAR en el dolor, es penitencia. CALLAR palabras inútiles, es virtud. CALLAR cuando hieren, es santidad. C…

7 PASOS PARA VENCER EL DOMINIO DEL EGO

7 PASOS PARA VENCER EL DOMINIO DEL EGO 1. NO TE SIENTAS OFENDIDO. Lo que te ofende sólo contribuye a debilitarte. Si buscas ocasiones para sentirte ofendido, las encontrarás cada dos por tres. Sentirse ofendido crea la misma energía destructiva que te ofendió y que lleva al ataque, al contraataque y a la guerra. 2. LIBÉRATE DE LA NECESIDAD DE GANAR. Al ego le encanta dividirnos entre ganadores y perdedores. Es imposible ganar todo el tiempo. Siempre habrá alguien más rápido, más joven, más fuerte, más listo y con más suere que tú. Tú no eres tus victorias. 3. LIBÉRATE DE LA NECESIDAD DE TENER RAZÓN. Olvidarse de esto es como decirle a tu ego: "No soy tu esclavo". Pregúntale: "¿Quiero ser feliz o tener la razón?". 4. LIBÉRATE DE LA NECESIDAD DE SER SUPERIOR. La verdadera nobleza no tiene nada que ver con ser mejor que los demás. Se trata de ser mejor de lo que eras antes. Céntrate en tu crecimiento. 5. LIBÉRATE DE LA NECESIDAD DE TENER MÁS. Por mucho que …

El Sol y el Viento

EL SOL Y EL VIENTO El sol y el viento discutían para ver quién era el más fuerte. El viento bravucón decía ¿Ves aquel anciano envuelto en una capa? Te apuesto a que le quitare la capa más rápido que tu. El sol se oculto tras una nube y el viento comenzó a soplar cada vez con más fuerza, hasta convertirse casi en un huracán, pero cuanto más soplaba con más fuerza se agarraba el anciano a su capa. Por fin el viento se calmó y se dio por vencido. Entonces el sol que permanecía detrás de la nube, se asomó con una cálida sonrisa reconfortando al anciano, y no pasó mucho tiempo hasta que el anciano acalorado por la continua caricia del sol se quitó la capa. El sol demostró así al viento, que la suavidad y la ternura del amor de los abrazos son más poderosos que la furia y la fuerza. L. TOLSTOI

Conte: Si yo cambiara, cambiaría el mundo

SI YO CAMBIARA, CAMBIARÍA EL MUNDO Un científico, vivía con preocupación todos los problemas del mundo. Estaba decidido a encontrar por todos los medios una solución. Pasaba días en su laboratorio, en busca de respuestas. Cierto día, su hijo de 7 años, invadió su lugar de trabajo, dispuesto a ayudarle a encontrar esa ansiada solución. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lugar. Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiera distraer su atención. Encontró una revista, donde había un mapa del mundo, ¡justo lo que precisaba! Con una tijera, recortó el mapa en varios pedazos y se los entregó al niño con un rollo de cinta, diciendo: Hijo, como te gustan tanto los rompecabezas, te voy a dar el mundo en pequeños pedazos, para que lo repares. El científico pensaba, quizás demore meses, quizás nunca lo logre, por lo menos, me dejará tranquilo por un tiempo; pero no fue así. Pasada algunas horas, escuchó la voz del ni…

Aprendiendo a vivir

APRENDIENDO A VIVIR Hombre mayor sentado al sol en un banco de arena: Niña, no deberías ir tan cabizbaja por la vida... Es lunes, sí, pero tendrás muchos otros lunes por delante todavía para ir tan melancólica... Niña con más miedo que siete viejas: No es melancolía lo que siento, es miedo... Hombre mayor sentado al sol en un banco de arena: ¿Miedo? ¿A tu edad? Miedo debería sentir yo que a veces veo la sombra de una guadaña acechándome por las esquinas... Niña con más miedo que siete viejas: Yo no tengo miedo a la muerte, de hecho, creo que es a lo único que no temo... Hombre mayor sentado al sol en un banco de arena: ¿Qué temes? Niña con más miedo que siete viejas: Temo a que me den algo y luego me lo quiten; temo a crear expectativas y sueños en las nubes y que luego venga la tormenta y todo caiga en forma de lluvia; temo a perder, a perderlo, a perderlos; temo a sufrir, otra vez, una vez más; temo amar y que no me amen; temo a las mentiras que pueden romper todo como si de u…

conte: Los niños estaban solos

LOS NIÑOS ESTABAN SOLOS Su madre había marchado por la mañana temprano y los había dejado al cuidado de Marina, una joven de dieciocho años a la que a veces contrataba por unas horas para hacerse cargo de ellos a cambio de unos pocos pesos. Desde que el padre había muerto, los tiempos eran demasiado duros como para arriesgar el trabajo faltando cada vez que la abuela se enfermaba o se ausentaba de la ciudad. Cuando el novio de la jovencita llamó para invitarla a un paseo en su coche nuevo, Marina no dudó demasiado. Después de todo, los niños estaban durmiendo como cada tarde, y no se despertarían hasta las cinco. Apenas escuchó la bocina cogió su bolso y descolgó el teléfono. Tomó la precaución de cerrar la puerta del cuarto y se guardó la llave en el bolsillo. Ella no quería arriesgarse a que Pancho se despertara y bajara las escaleras para buscarla, porque después de todo tenía sólo seis años y en un descuido podía tropezar y lastimarse. Además, pensó, si eso sucediera, ¿cómo le…